Guarde casi tres meses de no
escribir, fue una forma de estar de luto. Fue una forma de expresar toda la
tristeza y la impotencia que sentí de perder a una de las personas que me forjo
como persona. Mi abuelito, mi conejito, el Sr Espino; falleció a finales del
mes de febrero. Casi dos meses después de que su “viejita” también lo hiciera.
Todo fue tan rápido, el golpe fue tan duro.
Como ya lo dije, mi abuelita fue
tan espectacular y nos quería tanto que se fue de poquitos, como para que en el
camino fuéramos tomando fuerzas; en cambio la muerte de mi abuelito, nos
sorprendió muchísimo. Fue un shock total para mí, haber hablado por celular con
él y que en menos de una semana me digan “Nathy, tu abuelito entró en coma! Más
aun cuando yo estaba segura y tranquila de que llegaría a Trujillo, iría a
verlo y decirle “Abuelo aquí estoy”
Por cosas del destino (al cual
cada día odio más) llegué a Trujillo ocho horas después de lo que debí llegar,
y en lugar de encontrar a mi abuelo en la clínica; lo encontré sí, pero en un
cajón en la sala de la casa, tan blanco como se ponía en las noches de
invierno. Le pedí perdón, era lo único que me quedaba después de haberle
fallado y haber sido una impuntual a la cita que tenía con él.
Después de despedirme de él, de
tener el corazón literalmente partido; no soporte su ausencia en la casa, no
era lo mismo bajar, encontrar a todo el mundo menos a él. Decidí regresar a
Lima y en mi soledad tratar de perdonarme a mí misma, me refugié en el trabajo.
Regrese a Trujillo exactamente un mes después, y al bajar al patio y sentir que
algo muy importante me hacía falta, mi corazón y mi alma volvieron a hacerse un
nudo. Es increíble como la sola presencia de una persona te alegra la vida y le
pone luz a tu sonrisa.
Han sido los meses más difíciles
de mi vida. El peor verano si puedo resumirlo. Pero después de haber pasado el
día de la madre, sola en Lima; me di cuenta que las personas que realmente te
aman, nunca te abandonan; siempre están en tu corazón. Siempre estarán contigo
a tu lado apoyándote y abrazándote cuando más lo necesites. Lo único que hay
que hacer es aprender a hablarles con el corazón y a sentirse uno mismo
expresando todo lo que siente. Y saber que muchas veces se presentan en los
abrazos de otras personas, en las palabras de otros; solo hay que saber
distinguirlos.
Los extraño? Obvio pase más de
veinte años viéndolos todos los días;
desayunando con ellos los domingos, almorzando, haciendo renegar a mi
abuelo, ayudando a mi abuela cuando aún cocinaba. Pero ahora me doy cuenta que
no se fueron, que están ahí esperando que yo me acuerde de ellos y les cuente
como me va, y aunque estoy segura de que reniegan de vez en cuando viéndome
desde arriba; saben que soy feliz y que a pesar de todo hay personas encargadas
de poner una luz en mi sonrisa.


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