Dado a mi condición de becada en
otra ciudad o en todo caso de estar trabajando en otra ciudad, he tenido que
realizar viajes el año pasado y este año más que en toda mi vida creo yo. Pero
no me había puesto a pensar en lo incomodo que es viajar solo. Tal vez no me
había nacido escribir sobre esto porque los viajes que había realizado eran
cortos, del tipo me acuesto en una ciudad y amanezco en otra; por lo tanto no
sentía demasiada pérdida de tiempo.
Hasta que llegó el día en que mi
paciencia no pudo más, como muchos me conocen soy recontra ansiosa, impaciente
y por lo tanto muy puntual. Pues tuve que viajar a la ciudad de Lima a una
entrevista, imagínense viajar desde Talara a Lima. Quise comprar pasajes en
avión, total recién era lunes y la entrevista era el viernes a las 2:00pm,
ilusa yo. Todos los horarios posibles de viaje estaban agotados, y el único
servicio que viene hasta Talara estaba muy caro.
No me quedaba de otra, viajar en
bus. Ahora el problema era buscar un servicio que por lo menos llegue antes del
medio día para que me dé tiempo de cambiarme e ir a San Borja donde quedaban
las oficinas donde me habían citado y que además no choque con el horario de
trabajo; ya de por si me iban a dar permiso el viernes, salir temprano el
jueves era pedir demasiado. Encontré un servicio a las 6pm, suficiente para
llegar después del trabajo; además ofrecía llegar a la ciudad de Lima a las
11am; PERFECTO.
Fui preparada porque dado a que
era un viaje largo, necesitaba música y algo de lectura para entretenerme, que
mejor que varios posts del blog Busco Novia pero del excelente Renato Cisneros
para acompañar las primeras horas de viaje y hasta las primeras horas del día
siguiente en aquel bus. Pero claro uno nunca cuenta con quien se sentará a tu
costado. Quien será tu acompañante por las próximas 15 o 18 (en este caso), o 8
horas normalmente a Trujillo.
Siempre me he sentido incomoda
con las personas que me tocaron al costado en los buses. Recuerdo solo una vez
en la cual me sentí muy bien, sobre todo con confianza y fue cuando viaje con
Christian, un becado con el que me llevaba muy bien; muchos pensaban que pasaba
algo entre nosotros, pero es hora de aclarar que fuimos muy buenos amigos
siempre y nunca paso algo. La vez que me toco viajar con Dalia, mi compañera de
auditoría no fue del todo incomoda, es mas fue muy graciosa.
Una de las últimas veces que me
tocó viajar a Lima, no pude pasar de Casma por culpa de un grupo de mineros
informales que no dejaban pasar a los buses, estuve más de 24 horas sentada en
un bus y ni siquiera llegue a Lima, me regresaron a Trujillo! Y perdí 4
entrevistas de trabajo.
Y que cuando te toca alguien que
ronca? Es desesperante, en ocasiones por más que tenía puestos los audífonos y
escuchando música para tratar de evitar ese horroroso sonido que hacen algunas
personas, no podía; era demasiado fuerte. O cuando te sientas al pasillo y a la
ventana va una persona que va mil veces al baño de noche y por lo tanto no te
deja dormir en paz. Normalmente esas cosas fastidian a la mayoría de personas.
Pero a mí también me fastidia que
viajen con las cortinas abiertas. A esas personas les gustara ver el feo
desierto de noche, o tal vez son medio claustrofóbicas; he llegado a tratar de
dar tantas explicaciones, pero al fin y cabo; solo intento descansar lo poco
que se pueda durante las horas de viaje en las que compartes el asiento con
normalmente alguien desconocido o al cual le tienes poca confianza. Bueno de
este año recién comienza y aunque en la mayoría de veces viajaré con mi mamá al costado, espero no
renegar mucho.


No hay comentarios:
Publicar un comentario