jueves, 6 de febrero de 2014

Viejita...te extraño!



Hace ya bastante tiempo escribí de ella, me dejo muchos consejos y lecciones de vida. Pero sobretodo me enseñó a quererla y respetarla por lo era y lo que significaba para mí; mi abuelita.

Como decía mi mamá a veces “Ay viejita”; igual me siento ahora “Ay viejita, porque dejaste de ser como eras cuando tenía 10 años?” Tu forma de decirnos las cosas era increíble, no había manera de no hacerte caso; primero porque estábamos obligados (Lo que dicen tus abuelos es ley) y segundo por que me decías cada cosa que siempre me dejaba pensando.
Te extraño como no tienes idea, en realidad creo que ya hace mucho tiempo te vengo extrañando. Al principio pensaba que tú habías sido demasiado buena como para que Dios te tenga sufriendo con tus enfermedades, pero ahora me doy cuenta que fuiste tan buena que aguantaste y te fuiste de poquitos, para que no sintiéramos el golpe de perderte.
 
Cuando escuche la noticia, entre en shock; no podía creer que una de las personas que siempre me acompaño en mis recuerdos de infancia ya no estaba. Pero luego entro en mí una paz y tranquilidad, me di cuenta que tú ya estabas tranquila, ya eras feliz cuidándonos a todos desde arriba; no había motivo para estar triste si tú ya estabas bien.
No sé si te diste cuenta, pero me equivoque al hablar en la iglesia; lo siento mucho, no había llevado mis lentes y a decir verdad sentía un poco de miedo. Tal vez miedo a saber que eran los últimos minutos que pasaba cerca de ti. Aquel día cuando te vi, parecías dormida; hasta llegue a pensar que aún respirabas, era porque no quería imaginarme esa casa sin tu presencia.

 Y pesar de la pena que implica perderte, estábamos en paz y tranquilos. Hiciste que todos nosotros fuéramos a verte, lograste que todos tus nietos estén juntos a tu lado llevándote rosas y sin pelear ni discutir nos pongamos de acuerdo para cenar; porque eso sí, puedes perdonar todo menos que dejen de hambre a tus nietos.
 
Sinceramente cuando he estado en la casa no he sentido que te hayas ido, siento que en cualquier momento saldrás de la cocina o estarás sentada mirando TV. Luego me pongo a pensar y si me doy cuenta que hace falta tu presencia, para imponer tranquilidad y respeto en la casa. Hace falta que me llames “Naaathyyyyyyy!!°, aunque ya hace bastante tiempo dejaste de recordar mi nombre.
 
Sabes viejita, te extraño! Te extrañamos! Sobretodo tus hijos que últimamente no se están portando bien, a ver si les jalas las orejas desde arriba y les haces recordar que son hermanos! Porque créeme, tu partida ha logrado que nosotros “los nietos” intentemos por lo menos, estar comunicados. Te quiero mucho viejita! Cuídanos y aconséjanos desde arriba!
 

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